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miércoles, 4 de febrero de 2009

La Fabula del Perdón (Cuento Hindú)

Se reunieron todos  (los que están, que no son los que son)

Algunos acudieron desde lejanas tierras y esperaban alborozados el cómo se sacrificaría al Elefante Blanco de Baja Estatura, que se sabía que se iba a producir su sacrificio porque se anunciaba en múltiples crónicas de Apósteles Sagrados.

El Elefante Blanco de Baja Estatura penetró contundente al cubil, erecto de trompa y compungida la mirada, mentida y ocultos los colmillos. Suspiro, sorpresivo, se alzó sobre sus cuartos traseros y la erecta trompa troncal elevada hacia su propia imagen en mil retratos distintos, entonó enfática el “estáis todos perdonados”, el mismo que provocó en todos los presentes  (salvo al ermitaño del acento rural), un gritito típico y gutural, algo así como un “iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”(léase in crescendo) que resonase nítido en una noche silenciosa y muy infinita.

Estáticos por el rapto de éxtasis, sobrecogidos por el paroxismo, observaron como el Elefante Blanco de Baja Estatura, elevó sus dedos al aire, al suelo, al centro del mundo, mientras exigía la fe de los presentes hacia su persona.

Las Tres Presencias del Rebosante Botox, asieron prontas, con delicada mirada, la erecta trompa del Elefante Blanco de Baja Estatura, y la ofertaron a los asistentes. Aquellos que fueron perdonados, tomaron la senda de las ovejas modorras y, al llegar a la trompa erecta, la besaron y lamieron, la vista perdida en la mirada aquiescente de las Tres Presencias del Rebosante Botox; mirada que devolvía a aquéllos la confianza porque se creen restituidos al devoto trabajo para el Elefante Blanco de la Triple Trompa Erecta.

Contentos, pero desconfiados, van turbados y silbando todos lo que están y maquillados de cremas pastosas, y se encaminan a la celebración que se organizó para hoy, alegrarse con algarabía de grandes luces por el retorno de la ovejas descarriadas al redil del corral diarreico, y se ensalza con una danza de bailarines de pasos falsos.

Mientras los otros danzan, quedaron solos el Elefante y su máximo discípulo enorme, en el redil o corral.

- No entiendo, maestro, la  razón por la que perdonáis a estos… (y calló)

- ¡Ay, hijo! Si lo supieses, serías inteligente y yo no ocuparía este lugar Brahamánico.

Continuaron su labor diabólica, ser perversos con quienes son críticos, en sacrificio a sus dioses dipavalínicos de mil brazos malabares.

jueves, 29 de enero de 2009

¿Existen las polillas zurdas? (léase en parábola)

El mundo se hace suflé con una rapidez inusitada, tanta, que, por narices, ha de haber polillas que lo pulvericen. Mas que polillas, termitas. Rectifico, más allá de decir el mundo quizá debí aclarar que me refiero a mi mundo, y declarar de esta manera que es lo que realmente se funde.

¿Por qué no lo supuse al inicio que eran las termitas? Sólo porque nunca he tenido relación con las mismas, no las vi en las vigas de la casa rural donde me crié.

Las polillas son cosa distinta. Creo que hasta las he trasladado escondidas en una americana de lino de marca reconocida, viajando ocultas como una ladilla cualquiera, aunque tampoco nunca he tenido relación con las ladillas.

Con alguna ladilla sí, que en esta vida, como dijo un torero muy recitado cuando hay que explicar que un filósofo no vale para nada, “tiene que haber de tó”. Aunque suplicó a vuecencias modifiquen el “haber” en “a ver”, que cuadra más con el simpático matador de bestias cornúpetas (que cornudas, son otras bestias)

¿Para nada sirve un filósofo? ¡Vive Dios que ahora sirven para servir de siervos serviles! Los filósofos son entidades que se jubilan y nadie les sustituye, salvo el dinero.

¡Los filósofos, por Dios, que nunca se juntaron con el dinero, ni Marx, que sólo escribió sobre el capital pero nunca se atrevió a capitalizarlo!

Aunque no sea mío, sino de maestro Osés, viene bien aquí quejarse plúmbeamente “¡qué se puede esperar de un País (esta nuestra España) donde el SER es una cadena de radio privada y el ENTE una Televisión pública!”.

¿Qué diría Heiddeger o Sartre si pudieran decir algo? Si Heiddeger no es Heiddeger sino Heidi-de-ger y Sartre es un traje mal enfundado, que da nausea.

Pero Heidegger y Sartre nada dicen, que están muertos. Tan muertos como Rosencranz y Gildenstein y Hamlet y Shakespeare y el propio Hidalgo D. Sancho Saávedra de Quijote y Cervantes, “a dineros pagados, brazos quebrados”. ¡Ah, de la sabiduría popular!

Dicho todo lo cual, puedo renunciar y renuncio a la condición de filósofo y quisiera ser reconocido como el primer falo-safo del reino, por arrecimar la simbología de lo erecto como la de lo distinto o diferente,  y conferir a la palabra el cariz de la diferencia es lo que nos eleva. Ahora sólo nos resta buscar la diferencia y arrimar la erección.

-         Tiempo ha Sancho, para descubrirlo, tanto como el que tuvo Shakespeare para acostarse con todas las mujeres de las que se disfrazó.

-         Mirad mi señor..

Para ser un buen político (ayer y hoy)

Antiguamente, para triunfar en política o, al menos, para que el público en general te mantuviera en la fama (cárdate la lana y échate a dormir), se precisaban, como imagen, que no imaginativamente, tres particularidades en su atuendo.

En primer lugar, el sombrero, que aportaba a la imagen cotidiana de las personas dignidad. Traer a la memoria y remembrar, la imagen de Churchill o de Ortega y Gasset; o de la malograda Rosa Luxemburgo. Ese sombrero que cubría la presencia o ausencia de ideas, al menos, procuraba una sobriedad, gravedad y nobleza impostada, la hipóstasis divina.

Hoy, el sombrero se abandonó y se sustituyó por el traje de corte italiano. Ese mismo que en las películas de los setenta, portaban con chulería mafiosa los proxenetas contra los luchaba Serpico o Jim Kelly, el karateka negro, junto a Jim Brown en “Los demoledores”. Era el traje de los malos del cine.

En segundo lugar, una tripa de Buda, que transmitiese tranquilidad, el aplomo ante los problemas, y que a cualquiera le forjaba imperturbable. Todos necesitaban un político que brotase como un hombre de sosiego, con la paz de espíritu, que, desde el silencio cuasi monacal, podía afrontar con frío equilibrio, cualquier desorden caótico provocado por los políticos sin tripa de Buda, que sólo perpetraban la conmoción de su furia acalorada, la inquietud convulsa en oleadas efervescentes de incomodidad. Allí comparecía el político, a la manera de Charles Laughton en “El proceso Paradine”, antes de que nos mostrase la manera de ser malvadamente dañino en “La sombra del cazador”.

Hoy en día, al contrario, el político ha modificado su ser de panza de Buda, por una estricta tripa “bifidus”, que no sé si es asimismo un dios o un utilitario modo de mantener un política de regularidad intestinal.

En tercer lugar, al mirar a las viejas fotografías de los antiguos políticos, éstas nos los muestran con una cara de ansiedad rotunda, inquietos, un rostro de afán, a la expectativa de lograr la solución más adecuada. Ese rostro de ansiedad es propio de quien tiene hemorroides (“u almorranas”, que explicaba Jesús Guzmán, sempiterno cartero), la tercera peculiaridad de un buen político.

Hoy en día, esa cara de inquietud, de ansiedad, lo “hemorroidal”, se mantiene, aunque no tenga su finalidad en hallar el problema, sino en quitarse de encima al pelmazo del ciudadano preguntón.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Madame de Alnouy en Aranda

Madame de Alnouy, bella mujer francesa, libre, linda, inteligente, alegre y combativa, trabajaba para Francia, según cuentan, colocando espías en los puestos importantes de la administración española, para alcanzar así el control absoluto de deliberaciones, decisiones, fechas, y todos los secretos de un estado de secretarios corruptos.
Madame de Alnouy, bellísima mujer francesa, rubia y alta, la Mata – Hari del siglo XVII, la “judas” espejo de futuro, viajaba por España, fundamentalmente en la N – I, para colocar, según cuentan, a “sus” espías invisibles, rodeada de excelsos y nobles caballeros españoles, Federico de Cardona y Don Fernando de Toledo, como no imaginábamos menos.
Madame de Alnouy en uno de sus viajes de “colocación”, se detuvo en Aranda, donde durmió, “tras una terrible jornada” desde Lerma. Al llegar a Aranda, en la posada en la que pensó reponer fuerzas, en una noche de “gran niebla mezclada con lluvia”, el ventero les informó de que no tendría pan que darles, que lo requisó el Alcalde.
Los Alcaldes de Aranda ya han tomado decisiones incomprensibles para sus conciudadanos desde antaño, al menos desde el siglo XVII, al menos desde el siglo I a.c. 
Tuvieron pan, sin embargo, porque los señores son señores y las mujeres francesas en Aranda una oportunidad de película, y más pan del que precisaban y lo cedieron al tiempo al “ventero y su familia, que estaban pasando gran necesidad”.
Nos habla la mujer francesa españolizada a fuerza de trabajar por la traición, del correo en España y como por un vino te lo venden “los viandantes que lo portan”, y se revelan los secretos del corazón y otros, de los demás.
Leyendo y traduciendo una carta que le venden por un vino (hoy hay “viandantes” en el ayuntamiento que por lo mismo, lo mismo) se presenta el hijo del alcalde, valiente, galante y fanfarrón, lo que ella denomina con la palabra “guap”. Lo describe en sus ropajes y como un tipo muy perfumado; y él se presenta como hombre corrido y de corridas (de toros, y de las otras, por supuesto, que es de lo que más se alardea siempre en este ayuntamiento)
Lo peor, al dormir. Descansando en su catre con colchón, siente humedad. Es agua, que ha llegado al cuarto piso de la venta. Sí, como lo oís, y Madame de Alnouy espeta “¡ay, Dios mío, he recorrido un largo camino para venir a ahogarme en el cuarto piso de una venta de Aranda!”.
¿Qué personaje de la actualidad podrá mirarse en Madame Alnouy y observarse en esa misma imprecación? Adivina, adivinanza.

sábado, 15 de noviembre de 2008

¿Extremo- duro o hiper – blando?

Robbe cantaba la letra “cago Dios, en Cáceres y Badajoz”, mientras golpeaba rítmicamente con un punzón metálico sobre una botella de anís de esas con la imagen del mono, imagino. Aquello representaba una trasgresión – no sólo por la letra, también por la música tradicional extremeña mixtificada con el rock and roll.
Y la actitud.
Cada concierto de Extremoduro en sí mismo considerado, es una performance, un acto espontáneo, situacionista, en el que nunca se presiente lo que va a ocurrir.
Uno contrata a Extremoduro o te encaminas a un concierto de los mismos, para dejarte llevar por la “deriva”, una deriva que te conduzca a experiencias cercanas a la ganancia de la realidad, a la relación real con la verdad y la certeza, catarsis, no poseer ni cuerpo ni sentidos.
Acercarse a esa ley transgresiva en cada palabra que se masculla sin sentido. En una sola alocución “hacer lo que te salga de la noesis voluntariosa y no de los intereses romanos”.
Cada concierto de este grupo brusco es una catarsis, una crisis de renacimiento, donde algo se destruye y muere y renace algo novedoso. Salvo en el de Aranda, curiosamente. No pudimos concertar concentradamente a la esencialidad de Extremoduro de vocación catártico – destructiva, sino que finalizamos rematados en un espacio de folclore dominador.
Todo se hallaba endemoniado aquella noche, lo de fuera, lo de dentro, el amor y el odio y hasta la locura. Una noche en la que todos los gatos (y los gastos) son pardos, y que, en vez de un concierto de extremoduro, nos encontrásemos reviviendo uno de “El canto del loco” o de Karina y sus flechas amorosas neonulsando sobre las barbas prestidigitadoras de algún concejal o en las de otro, inamovibles.
O en un concierto folclórico, donde sólo se echaba de menos al “tuerto de Valdorros” junto al “Empecinado”, batiendo palmas.
¡Por Dios!
Debieran devolvernos el dinero porque no asistimos a la catarsis deseada que se propicia en todos los conciertos de nuestro grupo favorito, porque no pudimos romper el pavimento para buscar bajo el mismo la arena de la playa ni lanzar sobre el escenario la ira y la vergüenza, la desecación anímica que provoca oír al concejal “pptc” declarar que “está dispuesto al tripartito” como quien se dispone a un trío kamasutriano.
Que nos devuelvan el dinero porque no existió nada de aquello que esperábamos de un concierto de extremoduro. Resulto “hiperblando”, que hasta una adolescente me gritó al oído “Robbe” como su madre gritaba antaño “David” (Summers, por supuesto)
Nada, lo dicho, que nos devuelvan el dinero, la pasta, etc., por la ausencia de catarsis; y eso que Robbe lo intentó, calentando el ambiente a su manera.
Pero ná de ná. Ni la presencia policial animó, más allá de lo folclórico, el ánimo etílico de los concurrentes.
La próxima vez me encaminaré a un concierto de verdad, al de Maria Cristina por ejemplo, que al menos nos quiere dominar.

sábado, 18 de octubre de 2008

Todo se sabe

Todo el mundo, más o menos, ha efectuado referencia alguna vez, con relación a nuestra villa, al famoso título con que la intuyera el director español, J.A.Bardém. “Nunca pasa nada”.
En aquella película, el bueno de Bardém intentaba aclararse sobre el ánimus (por lo tanto, algo masculino) español de la época. Se trataba de hacer ver a todo el mundo, que el ser provinciano español consistía en, un hago lo que quiero, me perdonan lo que sea, el tiempo pasa y todo se olvida.
Al final, la vida es perdón, olvido y secreto.
La palabra secreto consistente fundamento de la vida en estos pueblos donde nunca pasa nada. Hubiese hecho lo que hubiese hecho el susodicho de la dicha película, el perdón salía de los labios de la gente y el suceso era un secreto a voces, siempre. Lo que nos dice a las claras y a las yemas, que donde nunca pasa nada, se sabe todo (porque se calla para siempre).
Allí donde nunca pasa nada, todo se sabe, por su tono de frase lapidaria, una de esas frases a las que no vence la lógica y que redactó ya hace tiempo la escritora Marta Rivera de la Cruz, en su novela Que veinte años no es nada, empecé a pensar sobre el secreto, y su consistencia.
El secreto consiste en que una información determinada no se sepa nunca. ¿Por qué? Porque afecta al honor de las personas, honor que hoy nada vale, decadente. Porque el resto del mundo puede constatar la maldad que desbordan los otros, y señalarla con el dedo, maldad, triunfante (los malos siempre ganan, los buenos la palman), que hoy manda por encima de la bondad.
Se pueden desmoronar empresas, naciones e imperios, por esas reuniones que no son para el pueblo y que hacen Historia, Historia que luego nos relatan para que no delate.
Sin embargo, a pesar de que todos los hechos que afectan al honor, a la vida y a la Historia de hombres y pueblos se deseen mantener en secreto, amanece un día en que todo el mundo lo sabe. ¿Por qué? Todos los que participan en el secreto se confabulan para que nadie diga nada, incluso firmando declaraciones secretas, y sin que ninguno de ellos sepa el porqué, un día cualquiera, es portada de periódicos.
Una de esas revelaciones, la que realizó Joao Havelange, sobre posibles favores a selecciones en los mundiales del 66, 74, 78.
El secreto es una sabiduría silenciosa que recorre la historia como un fantasma y cualquier día resucita, ese día normalizado, en el que todos los implicados saben que no les va a suceder absolutamente nada.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Sexo, trabajo y grabadoras

En la novela de Marta Rivera de la Cruz, Que veinte años no es nada, hay un personaje, que quiere salvar el honor de otro. Escribe una carta al periódico y él mismo la lleva en mano. El director del periódico le rechaza publicarla y el personaje le reprocha su actitud y le apunta que aprenda mucho en el sexo, que si no permite que disfrute más y más sexualmente a la Presidenta del periódico, irá a la calle.
Tras la lectura me detuve a considerar si el sexo influía hoy en el trabajo, como antiguamente, cuando se sonreía la gente de la funciones de “secretaria”.
Esta influencia no la constataré si no me la cuentan, y tendré que salir a la calle y preguntar a unos y a otras.
Me responde, en primer lugar, una persona de mediana edad, que me enumera todos y cada uno de los amantes que en el trabajo tuvo, con pelos y lunares, e, incluso, tuvo que aguantar, recalca, la llamada de la mujer de uno de ellos que le pedía lo permitiese volver a casa enumerándole los hijos que le esperaban.
Topé a continuación con quien me señaló que el conoció a un concejal aproveitado (que señalan los gallegos) que hacia intervenir sexualmente a su mujer para que le facilitase con ello los “ascensos”.
Un alumno me confiesa que se acostó con una de sus profesoras para obtener una buena nota en la asignatura, y se vanagloria que además la mujer era de buen ver y la satisfizo; lo que me retrotrae a mi magín un alumno de mi promoción que se acostó con uno de los profesores, el de mayor peso específico, lo que le permitió aprobar en todas las asignaturas – hasta que se cruzó en su vida una compañera de buen ver, abandonó al profesor y no volvió a aprobar nada.
Una mujer me confiesa que a ella la han intentado utilizar en sentido sexual por parte de su jefe, que la requería dichos favores, pero toda la otra gente con quien lo intentó, llevaba grabadora. Le grababan y se grababan los unos a los otros.
- Desnuda a tus amantes hasta de grabadoras, o andarás escaldado, me advierte.
¿Se graban los unos a los otros? Me acerco a una de estas tiendas que venden de todo un poco, e indago sobre el tema. La dependienta, amable y sencilla, un cielo, me indica que sí, que las grabadoras son los elementos que más venden. Incluso ella me indica que la gente la utiliza para el trabajo, para las amantes, para los hermanos y demás familia.
- Si conversas con alguien o te tumbas sexualmente, retírales la grabadora.
Siendo así, no me extraña que nadie hable con nadie.
(DIARIO DE BURGOS 24 DE SEPTIEMBRE DE 2008)